
Entro en la sección belleza de El Corte Inglés y me rodeo de mujeres bellas, vestidas de uniforme negro ajustado, muy bien maquilladas y perfumadas; mujeres muy guapas de la calle que a mí me imponen mucho.
Yo he entrado con unas pintas de vagabundo y un olor a humanidad que tira un poco para atrás y por eso me siento fuera de lugar. De repente, detecto a una morena preciosa que se me acerca creyendo que voy a robar algo. Odio que piensen que voy a choricear algo sólo por una apariencia física. Si me hubiese afeitado antes de venir esta guarra no vendría ahora a joder:
- Perdone –me dice- ¿le puedo ayudar en algo?
- Sí. Estoy buscando un perfume para mi madre que va a cumplir años.
- Muy bien. Se está vendiendo mucho el Agua fresca de Rosas y además es muy económico. -me lo dice sonriendo con carita angelical-
- ¿Qué precio tiene?
- Pues el vaporizador de 120ml lo tenemos de oferta ahora y se le quedaría en 35 Euros.
- Perfecto, creo que puedo permitírmelo. Póngamelo.
Cuando una mujer tan guapa me intenta vender algo siempre lo consigue, es como si fuera incapaz de negarle algo a una mujer tan guapa; luego me odié por no ser capaz de decirle que buscaba algo más barato. El día que repartieron las personalidades yo no fui a clase.
- Perdona, ¿tú no eres Alberto? -me pregunta-
- Sí, ¿pero cómo lo sabes? -cuando me pasan estas cosas se me queda cara de tonto-
- Yo soy Isabel Martínez, iba contigo al instituto. Salgo en media hora, si quieres podemos ir a tomar algo al bar de la esquina y me cuentas, que de años Alberto… ¿te hace?
- Qué fuerte. En media hora estoy aquí. -no podía creerlo-
En esa media hora estuve dando vueltas nerviosísimo; Isabel no me había seguido por pensar que era un chorizo; me había reconocido; seguro que le gusto y me ha invitado para echarme un polvo luego; está preciosa; me la voy a follar; daré pena y me consolará; esta noche debe caer.
Y cayó.
Ahora tengo mucha más confianza en mi mismo y todo gracias a una mujer.



